Este artículo tendría que haberlo escrito y publicado antes de terminar el 2017, pero para hacerle justicia a este año que ya no volverá, tengo que publicarlo tarde. Tarde, sí, pero publicarlo.

Y es que 2017: has sido un año muy intenso e interesante, lleno de momentos para el recuerdo. Has sido tan bueno en tantos aspectos tan diferentes, que creo que hubiera sido muy difícil mejorarte. Por decir algo negativo… te diría que apenas me has dejado tiempo. Tiempo para hacer otra cosa que no fuera disfrutar y viajar. Ahora que no nos lee nadie, te he de reconocer que me has tenido muy ocupado viviéndote.

Sin más preámbulo, comienzo con mi resumen de 2017. Un artículo que tengo que decir, estoy escribiendo con una sonrisa de oreja a oreja, sabiendo que cuando lo vuelva a leer en el futuro me hará sonreir de nuevo.

2017: El Año de la improvisación, descubrimientos y sueños cumplidos

Vivir en el Caribe: un sueño cumplido

Ilusionado. Así comencé a recorrer tus días. Por fin estaba cumpliendo uno de los sueños de mi vida. Uno que una vez me fue rebatado inesperadamente por mi anterior trabajo: vivir en el Caribe mexicano. A primeros de enero me mudé a Playa del Carmen, sin ser consciente de todas las risas y buenos momentos que estaban por venir. Y es que Playa, (que así la llamamos los playenses), es uno de esos lugares que te engulle o te escupe… pero a mí me recibió con los brazos abiertos.

El primer amanecer del año

Comencé además a poner en práctica mi forma de vivir viajando, y gracias a varias casualidades y encuentros inesperados en bares eventos aleatorios, me hice con mi lugar en muy poco tiempo.

Y además llegó un día…

 

El descubrimiento de una gran pasión: el buceo

Llegó un día en el que, cagado de miedo, buceé con tiburones toro por primera vez. Y todo cambió. Sin esperarlo, el 2017 me presentó un nuevo objetivo: convertirme en instructor de buceo. A pesar de que aún me queda camino por recorrer (o por bucear más bien), he pasado varios meses buceando casi a diario y he conocido a gente genial que vive, literalmente, en otro mundo: bajo el mar.

Con mis compañeros de buceo en Divemex

En total, he hecho más de 50 inmersiones, de las que aproximadamente la mitad han sido en cenotes (buceo de caverna); y he obtenido la licencia de buceo con aire enriquecido (nitrox) y el certificado del curso de primeros auxilios. Todavía me faltan el “Rescue” y el “Dive Master”, pero este es un working in progress que espero poder retomar en cualquier momento. Y es que el buceo, más que una afición, es una forma de vida.

Aunque hay que decir que no todos los descubrimientos han sido bajo el mar, ya que por primera vez en mi vida, he sentido las montañas como nunca antes lo había hecho.

  • ¿Cómo?
  • ¡Escalando!

Casi de casualidad, mientras estaba de viaje por San Cristóbal de las Casas (Chiapas, México), tuve la oportunidad de escalar por primera vez. Fue algo que me gustó tanto, que no dudé en regresar a San Cris para hacer un curso de dos semanas en el que aprendí lo básico para poder escalar. Algo que he vuelto a hacer ya en España en algunas ocasiones, creándose de esta forma una nueva motivación para hacer según que viaje.

Como si no me gustará ya viajar de por sí… como para tener más motivos 😎

 

Dejarse llevar… suena demasiado bien

A pesar de tener una vida plena y feliz en Playa, a mitad de año sentí la necesidad de regresar a “casa” para ver a mi familia y hacerme cargo de unos temas personales que llevaban aparcados demasiado tiempo. No lo pensé demasiado y compré un vuelo con apenas 2 semanas de antelación. Y con este vuelo, empecé a aplicar una nueva regla en base a lo que sentía:

“Decir que sí a todo”

A las 3 semanas de estar en España, apareció una oportunidad muy original de regresar a América: con un crucero lleno de nómadas digitales. Sin prensarlo, pero sintiendo que era una gran idea, compré el billete. Un billete que poco después cancelaría al sentir la necesidad de realizar una parada inesperada, tras lo cual decidí actualizar la regla:

“Decir sí a todo, pero sin compromiso”

¿El resultado? Varios viajes improvisados por carretera a través de Andalucía, Madrid, Barcelona y hasta Mallorca (enlace). Incluso he visitado Portugal en 4 ocasiones. La gran mayoría de estos viajes, motivados por reencontrarme con caras conocidas más que por descubrir nuevos lugares. Y es que, hasta en eso te has pasado 2017.

Mochileando por Lisboa

 

Momentos compartidos con personas especiales

“La felicidad solo es real cuando se comparte” – Alexander Supertramp

Esta es una de las frases más populares en el mundo de los viajes; y aunque normalmente prefiero viajar sólo; tengo que darte las gracias 2017, porque me has dado la oportunidad de viajar con grandes amigos, y de reencontrarme con caras conocidas allí donde he ido.

Teniendo en cuenta de que en 2017 he estado en México, Guatemala, Portugal, España, Alemania y Colombia, la lista de personas con las que he disfrutado al compartir días de viaje es bastante amplia, así que para resumirla bastante: si me estás leyendo… y hemos compartido una cerveza, sabes que estás incluido en esta lista.

Además, este año he conocido mucha gente interesante, y gracias a Couchsurfing he podido ayudar y conocer a otros viajeros, los cuales me han aportado mucho. Uno de ellos me invitó a pasar unos días en Alemania, durante la Oktoberfest, siendo esta una de las experiencias más memorables de 2017.

 

Una despedida con forma de regalo

Y antes de irte para siempre, me obsequiaste con un último regalo: conocer Colombia, un país al que tenía muchas ganas desde hace demasiado tiempo. Fue de nuevo un viaje improvisado, pero no uno más. No podría serlo. Ni por la compañía. Ni por el lugar. Ni por la gente local tan agradable que conocí.

Gente tan grande como sus Palmeras, simbolo nacional, y las más grandes del mundo

Fue uno de esos viajes que dan sentido a la forma de vida que he decidido vivir. Un viaje que terminó el 28 de Diciembre (algún día escribiré un artículo sobre ese día…), tras un sprint de vuelos y destinos que me llevó a tomar 22 aviones en menos de 2 meses, para visitar: Ibiza, Barcelona, Sevilla, Madrid, Lisboa, Málaga, Cancún, CDMX, Bogotá, San Andrés, Pereira y Cartagena de Indias.

La guinda de un pastel con forma de año, que he disfrutado bocado a bocado.

Aunque no es tu mejor foto, termino este post con la foto del último atardecer que me regalaste antes de irte, la cual tomé desde el balcón de casa de mis padres. Un lugar tan especial como tú lo has sido.

Hasta nunca 2017. Aunque nunca nos volvamos a ver, jamás podré olvidarte.

Y para este 2018, un único deseo:

PD: 2017, también te recordaré por ser el año en el que descubrí que tenía el pelo rizado 😂