Si antes de empezar nuestro viaje indefinido, me hubieras preguntado: ¿Por cuánto tiempo piensas viajar? Seguramente hubiese respondido 3 o 4 meses como máximo.

¿Por qué? A diferencia de Javi, no estaba soñando con viajar por el mundo con apenas unas cuantas cosas en mi mochila. Soy más bien del tipo de persona a la que le gusta tomarse algún tiempo y establecerse en otros países, visitar a sus amigos en los fines de semana y darse el capricho de alojarse en un buen hotel de vez en cuando. Si le tuvieras que poner una etiqueta a mi forma de viajar, creo que “vacacional” sería más acertado que “mochilero”.

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Unos cocktails en una terraza con vistas serían con toda seguridad parte de mis vacaciones

 

Así que este iba a ser mi primer viaje real como “mochilera” y no estaba segura de si estaba hecha para ello. Sabía con certeza que empezaría a extrañar las pequeñas comodidades de mi hogar y a mi familia. Con el tiempo, seguramente desarrollaría una relación de amor / odio con mi mochila. No importa lo bien que empaques todo, siempre será demasiado pesada cuando la tienes que llevar en días que hace 35º grados!  Y también está la cuestión de novio… ¿cómo iba a hacer para estar con él 24 horas cada día? Encuentro difícil pasar 24 horas conmigo misma, ¿cómo podría funcionar con otra persona?

Bueno… Aquí estamos 6 meses más tarde y todavía en la carretera. ¿Qué ha pasado?

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Celebramos nuestro 6º mes de viaje cruzando la frontera desde Tailandia a Myanmar (Mae Sot – Myawaddy)

 

Sucedió algo muy simple. Aprendí a vivir mi vida y disfrutar el momento. La mayoría de gente no necesita viajar al otro extremo del mundo para “vivir” sus vidas o aprender como “disfrutar” el momento. Pero yo lo necesité. En un mundo en el que estaba constantemente pensando en mi próximo movimiento, mi próximo proyecto o lo que el futuro tenía reservado para mí; sentía a menudo presión, estrés y una sensación de bajo rendimiento. No era capaz de ver lo que estaba pasando en ese momento que tenía frente a mi, ni apreciar la vida que tenía, la gente con la que estaba o los talentos que poseía.

  • Viajar me obligó a ver las cosas de forma diferente. La burbuja en la que estaba viviendo, en la que todo funcionaba entorno a mi trabajo y mi próximo paso profesional, estaba muy desequilibrada. (Quién inventó los planes de carrera a 5 años de plazo y le dijo a Recursos Humanos que cada empleado tenía que funcionar en base a eso, debería revisar su metodología).
  • Viajar me puso de vuelta en mi lugar. A veces dejaba que mis propios asuntos y problemas me arruinaran el día. Después de haber visto unas condiciones de vida muy difíciles, en Sri Lanka por ejemplo, puedo decir que mis problemas son solo una parte muy muy pequeña de los problemas que hay en el mundo, y no merecen que mi días se arruinen por ellos.
  • Viajar provocó mi creatividad y puso mi ingenio a prueba. ¿Qué hacer cuando tienes ampollas en los pies, las tiritas no quedan fijas porque hace mucho calor, el ambiente es bastante sucio y no puedes llevar tus deportivas? ¡Hazle unos cortes a tus calcetines para poder usarlos con las chanclas!
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Si aumentas la foto hacía mis pies verás a que me refiero (mi madre se dio cuenta inmediatamente cuando le envié esta foto…)

 

  • Viajar ha enriquecido mi conocimiento sobre la cultura e historia del mundo. No sólo hemos visitado patrimonios de la humanidad como el Taj Mahal en India o la Roca del León en Sri Lanka. Al viajar como mochileros hemos frecuentado muchos sitios locales (restaurantes, tiendas de té, templos, ceremonias) donde pudimos hablar con la gente y preguntarles un montón de cosas. Ahí aprendimos que las lecciones sobre historia y cultura no pueden estudiarse sólo en los libros, si no que también se pueden experimentar en la realidad.
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¿Quién hubiera pensado que terminaríamos en un festival hindú y que Javi llevaría el trono? ¿Sabías que hacen esto cada mes y que dan de comer gratis a más de 3.000 personas

 

  • Viajar me ha enseñado que no necesitas tanto como piensas. Tenemos grabado un comportamiento que nos hace actuar como si todo fuera escaso cuando no lo es. Por ejemplo, si vas a un supermercado y hay 3 productos por el precio de 2 en oferta, compras los 3 por el precio de 2 (incluso cuando quizás solo necesitas uno). Lo mismo ocurre en una tienda que anuncia que ya casi han agotado las existencias de un determinado producto y que esta es la última oportunidad de poder comprarlo. Quizás te veas tentado a hacerlo cuando es posible que ya tengas un producto similar en casa. Al comprar estas cosas “adicionales” sólo estamos añadiendo más cosas a nuestras vidas, pero sin pensar realmente si las necesitamos o no. Al viajar de mochilera he aprendido que lo importante es llevar las menos cosas posibles (¡cuánto más lleves más te pesará la mochila!) y muy a menudo podrás encontrar esa oferta “irresistible” en otro lugar cuando lo necesites.

Podría continuar escribiendo muchas otras cosas que he aprendido al viajar de mochilera, pero posiblemente sea mucho para un único post y no quiero que se haga aburrido. Sin embargo, me gustaría compartir contigo una última cosa que he aprendido:

Viajar me alejó de mi vida normal, me ofreció una percepción diferente de la realidad y me dio tiempo para reconsiderar mis prioridades. 

Un regalo que me he hecho a mi misma.