He pasado los 10 últimos años de mi vida fuera de España, mi país. Esto ha hecho que me haya desvinculado de algunas de las cosas que han pasado en ese periodo, pero si hay algo que realmente no he seguido, son los programas de televisión, por lo que la gran mayoría me parecen nuevos.

El otro día, haciendo zapping, vi el anuncio de un concurso titulado “Pekin Express: La Ruta de los Elefantes”:

La verdad es que despertó mi curiosidad. Fácil ya que está relacionado con viajar y grabado Sri Lanka, un país que tuvimos la suerte de recorrer en nuestro propio tuk tuk durante 4 semanas. Un viaje que hicimos dentro de nuestro “viaje indefinido” por Asia en 2015.

Desafortunadamente, tras ver el primer episodio del concurso, esa curiosidad se ha transformado en vergüenza. Una total y profunda vergüenza. Permíteme explicarme.

 

PEKIN EXPRESS: LA AVENTURA QUE PUEDE AVERGONZAR A TU PAIS

El concurso es básicamente una carrera en la que las parejas de participantes tienen que ir de un sitio a otro, haciendo alguna que otra prueba. Sólo hay una regla: Tienen un euro al día por persona y no lo pueden gastar ni en alojamiento, ni en transporte, sólo en comida; por lo que están “obligados” a establecer relaciones con personas locales. Hasta aquí me parece todo bien. De hecho me pareció un formato con muchas posibilidades. Sin embargo…

 

Participantes cuestionables y con el “culo al aire”

El problema está en los 20 participantes que han elegido en un casting en el que según dicen han participado más de 70.000 personas. A saber:

Una pareja de frikis (como ellos mismos se definen) que en su primera aparición llegan a la recepción del hotel tocando un ukulele y cogiendo al personal de recepción para bailar con ellos; una “aristócrata” a la que le dan pánico los bichos acompañada otro “aristócrata” que se pone a gritar cuando ve que en la habitación hay tele de plasma; uno que empieza con amenazas de que “llega su momento” y que “lo van a conocer”; una madre e hija que no tardan en decir a gritos “a ver si nos llevamos mejor”; unos influenciadores en redes sociales (curiosamente estos me parecieron los más normalitos); sin olvidarnos de unas gogos que ya habían salido dándose una ducha en bikini cuando todavía no habían transcurrido ni 10 minutos de programa. Y yo me pregunto… ¿Quién se ducha en bikini cuando está en un hotel?

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¿Es esto realmente necesario?

A pesar de esta descripción que pueda parecer más o menos objetiva, creo y defiendo la total libertad para que cada individuo sea como quiera, siempre y cuando se respete a los demás. Pero por desgracia esto es algo que no ocurre. Parece como si hubieran elegido personas conflictivas a propósito, cuando quizás se podrían haber centrado en el choque cultural.

 

Constante falta de respeto hacia los locales

En el primer viaje, ya se puede ver como una de las parejas sube a un autobús de línea sin pagar (recuerda que no pueden pagar por el transporte) y le piden al conductor que les lleve al lugar al que necesitan ir y que vaya directo sin hacer paradas. Éste, sin entender muy bien cómo va el tema, afirma con la cabeza. Al rato, un pasajero que si habla inglés, les dice a los concursantes que el autobús no va al destino al que querían. Tras bajar del autobús la pareja dice:

“Veníamos con la idea de no coger autobús, ni motos ni nada, solo coches buenos”

 “Me siento cabreada, frustrada, impotente, y con ganas de gritarle al chófer del autobús: ¡Imbécil por qué no me has dicho realmente que este autobús tiene paradas!”

Por favor, imagina por un momento que pasaría si este mismo escenario se produjera en tu país.

Más tarde tienen que ir a un templo, en el que les dicen que por respeto no está permitido entrar con zapatos, ni gritar, ni tocarse o besarte. Lo único que respetaron fue lo del calzado, lo demás… Una vergüenza.

 

Buscarse la vida sí, pero ¿a qué precio?

Por último, llega el momento en el que los concursantes tienen que “buscarse la vida” para dormir. Algo que todos consiguen con relativa facilidad (supongo que el hecho de que vayan con unos equipos de grabación que para los locales puedan parecer de otro mundo influye en esa aparente “facilidad”), pero a pesar de que los ceilaneses les ofrecen lo poco que tienen, algunos concursantes no paran de quejarse hasta llegar al punto de calificar la casa como pocilga y usar una sábana como toalla después de una discusión. Todo esto acompañado de un vocabulario de lo más barriobajero.

¿Qué estará pensando el amable pueblo de Sri Lanka sobre este “circo”? Recuerda que estos “aventureros” son los  que nos guste o no, están representando a la población española en Sri Lanka. Así que si tienes previsto ir pronto, mejor di que eres de cualquier otro país.

 

A todo esto… ¿dónde está Sri Lanka?

Finalmente y ya a un nivel general me pregunto: ¿Por qué lo llaman “Pekin Express” cuando lo graban en Sri Lanka? Se ve que tampoco sabemos de geografía:

Actualización: Según me comentan en las Redes Sociales, el nombre del programa se debe a que ha habido ya varias ediciones, siendo la original en Pekin. Esto resuelve la cuestión geográfica… pero aumenta mi preocupación al ver que este formato es económicamente rentable para la cadena que lo emite.

 

¿Ser o no ser un viajero “responsable”? Esa es la cuestión

Es posible que en este punto del artículo estés pensando…. “Bueno, pues si no te gusta no lo mires”. Y posiblemente lleves razón, pero la verdad es que como un viajero inquieto que soy, me preocupa bastante (de la misma forma en que si a alguien al que le apasionan los perros ve un programa que promueve su maltrato); porque la verdad es que no me gustaría que otras personas que visiten Sri Lanka lo hagan asumiendo como normales las conductas que se ven en el programa, y de una forma más egoísta, tampoco me gustaría que cuando cuente alguna de las historias que me pasaron allí, me digan “Si, claro, he visto el país en el programa ese de la tele”.

Es lo que me temo, teniendo en cuenta que el capítulo inicial ha tenido una gran audiencia (más de un millón y medio de personas), siendo también el que obtuvo mayor repercusión en las Redes Sociales con más de 50.000 tuits. Es por esto que el objetivo de este post es tratar de contrarrestar (dentro de mis humildes posibilidades) ese efecto.

 

Viajar no es esto

¿De verdad que este es el ejemplo que queremos dar de lo que es viajar? Porque viajar no es esto. Viajar es compartir. Viajar es aprender. Viajar es respetar a las otras culturas aun cuando no las entiendas. Viajar es, a veces, adentrarse en lo desconocido. Y es que si me hubieran dicho que durante mi viaje a Sri Lanka iba a participar en un festival hindú llevando un “trono” no lo hubiera creído…

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Quiero terminar este artículo tan poco habitual, dando las gracias al Pueblo de Ceilán:

Stutti!

Nota: Si este es nuestro primer artículo que lees, te pido disculpas. Normalmente escribimos sobre las cosas que nos gustan, aportando información útil, y siempre con la intención de inspirar a nuestra audiencia para que viaje más.