Negombo – Peninsula de Kalpitiya: 150km

Hoy ha sido nuestro primer día viajando con el Tuk Tuk. Mientras conducimos con Blue Marley hacia las afueras del turístico pueblo costero de Negombo, pasan por mi cabeza una mezcla de sensaciones: entusiasmo, nervios y aventura. Todavía no domino el arte de cambiar las marchas, así que confío en la pericia de Javi para alejarnos del ajetreado tráfico mañanero.

Nos dirigimos hacia el norte, para llegar a Kalpitiya. Este pueblo es conocido por ser un destino frecuentado por los amantes del kite-surfing y por sus preciosas playas. Después de un rato nos damos cuenta de que con una velocidad máxima de 40 kms por hora el recorrer 150 kms puede tomarnos fácilmente toda una mañana!

La carretera se vuelve larga y recta. Avanzamos por zonas con varios puestos de fruta y cocos junto a la carretera, pequeños pueblos y nos percatamos de que hay mucha policía. Pasa lo inevitable. Un policía hace sonar su silbato al vernos pasar pero no estábamos seguros de si era para llamar nuestra atención, así que aminoramos la marcha y al ver que no había pasado nada continuamos nuestro camino. Unos metros más adelante, el mismo policía aparece de repente en nuestro espejo retrovisor, nos adelanta y nos hace indicaciones para que nos detengamos. Casualmente no habla casi nada de inglés, pero mediante gestos nos pide los papeles del tuk tuk, el carnet de conducir y el seguro. Por suerte lo teníamos todo… pero aun así intentó sacarnos algo de dinero. Nos hicimos los suecos, haciendo como si no entendieramos lo que estaba pasando y finalmente nos dejo marchar con una advertencia verbal… por no escuchar su silbato!

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Al llegar a Kalpitiya descubrimos que es un pequeño pueblo con un viejo fuerte holandés. Pescados secándose al sol, pescadores descansando a la sombra después de una larga noche de trabajo, niños jugando en las calles y campesinos trabajando en sus cosechas. Cada vez que nos cruzamos con unos locales, nos miran con asombro al ver a dos occidentales conduciendo torpemente un tuk tuk por sus caminos llenos de baches y arena.

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De camino a la playa conocimos a Bandara, un chico muy amigable que nos comentó que el año pasado había abierto su propio alojamiento ecológico. Nos invitó a almorzar y aceptamos agradecidos porque ya era tarde y estábamos hambrientos (y algo perdidos).

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Con Bandara y una de sus cabañas

Nos explicó que muchas cosas habían cambiado en Sri Lanka desde que hace 5 años terminara la guerra. La gente tiene ahora la posibilidad de construir una nueva vida por ellos mismos, y el turismo está creciendo enormemente. Bandara nos comentó que el mismo había decidido cambiar su carrera en finanzas por turismo. También nos dijo que Kalpitiya era una zona muy insegura al ser un área de suministros para el ejercito de LTTE (Los Tigres de Tamil). Ahora es un lugar turístico centrado en clientes de clase alta, a los que oferta pequeños hoteles ecológicos. Y cuando ves las playas, es fácil entender por qué!

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Nos ofreció quedarnos en una de sus cabañas por 2500 LKR (unos 17 euros), pero declinamos su oferta porque nos pareció demasiado caro para nuestro presupuesto mochilero de India. 

Reanudamos nuestra marcha y pasamos por varios eco-lodges. Todos tenían un reducido número de habitaciones y unos precios mucho más altos de los que esperábamos (desde 30 euros la noches hasta los 410!). Tal vez esta no era la “zona de mochileros” con hoteles baratos que nosotros esperábamos. Pero empezó a oscurecer, nos estábamos quedando sin gasolina y la zona era muy bonita… por lo que al final no pudimos resistirnos a quedarnos en un pequeño hotel con varias cabañas en frente de la playa por 4000 LKR (27 euros).

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Terminamos nuestro día viendo la puesta de sol con una cerveza fría ‘Lion’.